Cuando en 1998, System of a down irrumpió en la escena musical con su primer álbum homónimo, grupos como Limp Bizkit, Korn, o los Deftones arrasaban con el denominado sonido nu-metal. En un principio se relacionó a System of a down con el nuevo-metal, debido a la notable influencia del hip-hop en su música. Sin embargo, ya desde sus inicios, se percibía una gran originalidad en el sonido de estos cuatro armenios afincados en Los Ángeles, y que de ninguna manera, se les podría meter dentro del denostado concepto.
Pasaba el tiempo y el nu-metal se iba hundiendo en la miseria, personalmente no soy partidario del ansia por etiquetar cuanto se mueve, pero en fin, el descenso a los abismos de la etiqueta era rápido, impulsado por el señor Fred Durst y los pseudo-triunfitos Linkin Park, llegó un momento en que se convirtió en atroz estigma, en detrimento de grandes bandas incluidas en el movimiento.
Año 2001, System of a down publica su segundo disco, Toxicity. No sé si poco más de un lustro es suficiente para llamar clásico a un álbum; pero si entendemos por clásico, indispensable, desde luego, Toxicity lo es.
En el momento en que pulsamos el play, el primer golpe seco resulta como una alarma, un aviso, comienza Prison song, sin más pretensiones que gritar contra el sistema/prisión, sobre una música simple y rotunda que la convierte en una especie de anti-discurso.
Le sigue Needles, en la misma línea musical, un riff simple construye la canción, un ritmo repetitivo cortado a mitad de canción, mientras Serj Y Daron se ponen en la piel de un drogadicto tirado en su habitación (with the needles in my hand / con la aguja en mi mano) casi una representación de estados de ánimo mediante cambios de música.
Continúan con la anti-policial Deer dance, una genial canción en la que mezclan melodías orientales y guitarras que parecen marcar el paso de una barricada policial, cambios y contrastes contra la brutalidad.
Sin descanso, arranca Jet pilot, sigue sonando oriente entre guitarras rotundas, aceleramientos, gritos y susurros. No hay pausa para el siguiente tema, X, un ritmo que se acelera y se decelera, probablemente la canción más simple del disco, en la que prima un mensaje meramente político (show your people how we died, ask your people what is right / enséñale a tu gente como morimos, pregúntale a tu gente qué es lo correcto).
Y llega Chop Suey¡, irrumpen las melodías sólidas en el disco, un riff de guitarra que casi se puede tocar con baquetas, más contrastes, (wake up¡¡ / !!despierta¡¡) se corta el aire un segundo para acabar gritándole al padre/dios que pase de nosotros. Mensaje eminentemente político de nuevo con simbología religiosa Un sutil arreglo de piano y se acaba la no-oración
habrá que ponerla otra vez
realmente sublime y adictiva.
Tras la comida china nos invitan a saltar y a chocar al más puro estilo Sid Vicious con Bounce, otro tema de lo más sencillo y efectivo. ¡¡Pogo!!
Forest comienza con otro riff simple. Probablemente esta sea una de las primeras canciones del disco, en la que se puede apreciar un claro toque operístico mezclado con una melodía oriental, otro pedazo de tema.
Así como con Atwa, vuelven a demostrarnos lo que se puede hacer con unas pocas notas y dos acordes. Una melodía elegante, salta de nuevo la música de lo suave a lo esquizofrénico en un instante, para volver a suavizar. Le sigue Science, con la personal mezcla de rap y melodía que impregna todo el disco.
Shimmy continúa con más guitarras trepidantes, de nuevo la melodía entre el rap y lo oriental construyen otra canción concisa y eficaz.
Llega la gran apoteosis con Toxicity, un ritmo, un riff, un cambio, una pequeña opera rock, una letra poderosa que proclama como el desorden, desordena el desorden. Absolutamente genial (When I became the sun, I shone life into the man´s Heart / cuando me convertí en el sol, iluminé vida el corazón de los hombres)
Como su nombre indica, Psycho es una canción que salta rápidamente entre estados de ánimo, para terminar con Aerials, una excelente canción en la que vuelven a mezclar guitarras potentes con voz de ópera. Termina el disco, pero tras unos segundos de silencio empieza a sonar el último tema, una pieza sin título que evoca a lo antiguo, a lo tribal. Percusión, instrumentos de aire, y voces que simulan bailar alrededor de una hoguera.
En conjunto, el disco parece estar dividido en dos partes. La primera, no-melódica, donde las canciones se enlazan sin apenas espacio entre las pistas, hasta Chop suey¡ donde surge la melodía. Resulta un álbum homogéneo, como una obra en dos actos, deliberadamente construido sobre el ritmo ¿antiguo? y sonidos eléctricos, hasta podría llegar a considerarse un disco conceptual sobre la toxicidad y decadencia de la sociedad. Terminando con el mensaje de Aerials (swimming through the void we hear the Word, we lose ourselves but we find it all / nadando a través del vacío oímos la palabra, nos perdemos, pero lo encontramos todo)
Oscar M. M. |