40 años no son nada. Al menos cuando hablamos de un ser humano. Seguramente se encuentre en la mitad de su vida. Pero para una banda, podría decirse que es un logro admirable, y si en este caso la banda es U.F.O., podríamos afirmar que nos encontramos ante un auténtico milagro. Y es que poder ver, cuarenta años después de su creación a los ingleses sobre un escenario y con el estado de forma que tienen, es toda una suerte.
Es evidente que todos los ojos recaen en la figura de Phil Mogg, su otrora auto castigado cantante, pero que viéndole, y sobre todo, escuchándole, no parece que haya pasado el tiempo en él. Si exceptuamos su blanco pelo. Sigue interpretando sus viejos temas con un sentimiento admirable, y sigue disfrutando, diría que mucho más, debido a su sobriedad, interpretando todos y cada uno de ellos.
La sala Apolo no tenía uno de sus mejores registros, pero eso permitió que los asistentes estuviéramos más anchos, y no deslució el resultado final, ya que durante muchos de sus clásicos, los asistentes los corearon como si hubiera sido un sold out masivo. La banda presenta su último disco "The visitor" (SPV 2009), pero sólo sonaron dos de sus temas. Desde que dio inicio la gira, el grupo ha ido recortando su set hasta éste punto.
Junto a la inicial "Saving me", con guitarra acústica incluida por parte del señor Vinnie Moore, el honor de representar el disco en vivo se lo lleva "Hell Driver". Ambas fueron muy bien recibidas por el público, que estuvo en todo momento inmerso en una especie de catarsis colectiva, de regresión a un pasado no tan lejano, que unió lazos con el grupo. Y es que posiblemente, éste sea uno de los conciertos a los que asistí nunca con una media de edad bastante más alta de lo normal.
El resto de concierto navegó entre clásicos imperecederos que abarcaron posiblemente, la que es la mejor y más fructífera etapa de la banda en cuestiones compositivas, la que va desde 1974 a 1978. O lo que es lo mismo, la época en que Michael Schenker entró en la banda y grabó clásicos de la talla de "Only you can rock me", mi preferida "Let it roll", la épica "Love to love", versionada por Quireboys en su nuevo y flamante disco acústico, "Cherry", con esos guiños tan claros a The Who y donde Rob De Luca, bajista de la banda tuvo su momento o "Mother Mary".
 Por supuesto no nos olvidamos de "Too hot to handle", "Lights out" o la inmensa "Rock bottom", que cerró el concierto. Aunque éste debería haber sido el primer y único bis de la noche, al menos así lo decía el set list del grupo, sobre el escenario fue el propio Phil Mogg quien cambió los planes y tras salir para el primer bis preguntó si queríamos escuchar otra canción. Pero nos dijo que eligiéramos entre "Rock bottom", Shoot shoot" o "Doctor doctor". Evidentemente la palma, o más exactamente, los gritos del respetable con mayor volumen, fueron a parar a "Doctor doctor", así que el grupo la interpretó sin dudar. Tras ella una extensa y sublime "Rock bottom" cerró una bonita noche.
Personalmente vi a la banda en un estado de forma envidiable. Desde Phil Mogg hasta Andy Parker, que aún mantiene una buena y potente pegada tras los parches, demostrable durante la interpretación de "Let it roll". No hubo tiempo para demostraciones personales, nada de solos de guitarra, ni batería, ni mucho menos teclados, aunque la banda al completo tienen su momento personal durante la interpretación de "Rock bottom".
Vinnie Moore, tal vez demasiado técnico para la banda, se acopló a la perfección a la misma y ha conseguido fundir su maestría con el clasicismo que desprenden los temas de U.F.O. Aún mantiene viva su carrera en solitario, iniciada allá por el año 1986, y éste año 2009 puso en circulación un nuevo disco completamente instrumental.
Hasta convirtió el clásico "Mystery train", el viejo tema que popularizó Elvis Presley y que la banda grabó en su "No place to run" (1980) en un potente y duro tema de hard rock, despojándolo de sus raíces bluesy.
 Resulta duro comprobar que la banda pasa por alto toda su etapa ochentera, y los temas de su reunión junto a Michael en los noventa, pero al menos podemos estar contentos con la duración del concierto. Una hora y media de canciones. Sin tiempo para el aburrimiento. Mucho se habla de que si Sir Mick Jagger es esto o es lo otro, pero nadie se acuerda de la cantidad de músicos coetáneos de los Rolling Stones que siguen al pie del cañón, como el caso de Phil Mogg, que con sus más de sesenta años sigue rockeando como un jovencito y nadie le da importancia. Una lástima.
Creo que ésta era la sexta vez que la banda actuaba en nuestras tierras, si no erré en mis cuentas y aunque las primeras fueron algo difíciles, debido al estado de salud de Mogg, sus últimas visitas les han hecho ganadores de un puesto de honor en el mundo del Heavy Metal.
 The Bulletmonks fueron los encargados de abrir la noche. Poca gente había en la sala en el momento en que tomaron el escenario.
Su juventud insultante y su desparpajo a la hora de presentarse, además de su buena música hizo que el público disfrutara con ellos, incluso más de uno de los asistentes acabó sorprendido de la calidad que atesoraba la banda. Aunque personalmente encontré demasiada diferencia respecto a su disco en estudio con su directo, debo admitir que también me gustó. Sólo tienen un disco en estudio a la venta: "Weapons of mass destruction" y éste fue la piedra angular de su set.
45 minutos para repasar casi al completo su obra. Tyler Voxx a la voz y guitarra, Dangerous Dan a la guitarra, Spreace Jackson al bajo y M. Dogg a la batería desenbarcaron todo su potencial para calentar un ambiente de principio bastante gélido.
 Su sonido está a medio camino entre el Hard Rock clásico, el Heavy Metal moderno y las grandes bandas escandinavas de mediados finales de los noventa. Podrían pasar en algunos temas como hijos bastardos de Led Zeppelin, en otros como sucesores de los grandes System of a Down, por su sonido con influencias armenias, en otras podrían recordar a Motorhead o Metallica, sobre todo por la voz de Tyler Voxx, Black Stone Cherry, Black Label Society, The Hellacopters, Gluciefer y tantas otras bandas. Pero lo que sí está claro es que tienen, aún con todos estos parecidos, un sonido propio que encandiló al público asistente.
 Con temas como su primerísimo single, como muy bien dijo Tyler antes de su interpretación "No gain just pain", o "I am", sin duda mi favorita del disco, levantaron los ánimos de los pocos asistentes que nos encontrábamos en aquel momento presentes. "Downtown is dead" o "Never be a wannabe" causaron más sensación, llegando a ser coreadas por el público.
En definitiva, una buena noche de Hard Rock / Heavy Metal de vieja y nueva escuela que satisfizo a los presentes desde su inicio, hasta su final. |