Avantasia

Barcelona (Sala Razzmatazz)

11 de Marzo, 2016

Salva G.

el año pasado

Épico, bombástico, dramático, poderoso, hímnico, y altamente musical y entretenido.

Con estos adjetivos bien podría definirse el show del pasado viernes del supergupo Avantasia en la grande de Razzmatazz. Una sala en la que aun teniendo un aforo de 1200 personas, lo especifica a la entrada de la 2, entraron 2500. No me lo invento, el mismísimo Sammet lo dijo en un momento del show, y creo que el promotor no le engañaría con ese dato. Es cierto que el agobio no fue como el que se vivía a finales de los ochenta, principio de los noventa, pero si se sobrepasó el aforo, una circunstancia punible se mire por donde se mire, y hubiera ocurrido una desgracia, ahora estaríamos todos llorando y buscando culpables.

Pero por suerte, para ellos más que para nosotros, no ocurrió ninguna desgracia, así que el único problema fue que los asistente, en su mayoría, no estuvieron todo lo cómodos que les hubiera gustado estar, no yo, que viví noches de calor infernal, sudor compartido y empujones violentos en infinidad de ocasiones y lo del viernes pasado me resultó incluso cómodo. Menos mal que lo vivido sobre las tablas de Razzmatazz hizo olvidar cualquier molestia externa.

Sí, ya lo podemos asegurar, el show de Avantasia del 11 de marzo de 2016 no solo será el mejor show de Metal que verá esta ciudad este año, si no que pasará a los anales de la historia como uno de los diez mejores jamás vistos, tanto en la general, como en la particular.

Todo fue sublime: los músicos, el público, la producción, y sobre todo, las canciones.

Desde la inicial y eurovisiva Mystery of a blood red rose, con Sammet en solitario, hasta el medley final con Sign of the cross y The seven angels interpretada por toda la banda junto a los cinco cantantes invitados: Michael Kiske (ex Helloween, Supared, Place Vendome, Unisonic), que resultó ser a la postre el gran triunfador de la noche, Ronnie Atkins (Pretty Maids, Blind Guardian, Nordic Union), que se dejó la garganta en cada una de sus interpretaciones, Bob Catley (Magnum, Hard Rain) todo un señor, Jorn Lande (Vagabond, Jorn, The Snakes, Masterplan, Allen & Lande) que puso el toque metálico en todo momento y Eric Martin (Mr. Big) que demostró sobradamente que aún mantiene su voz melódica en perfecto estado y que no hay nadie en el mundo que cante las baladas y medios tiempos como él.

Sammet creció no solo escuchando a Helloween y todas esas bandas de Power Metal alemán, desde Accept hasta Savage Circus o Unisonic, que aunque sean proyectos de músicos conocidos en la escena, no tienen una trayectoria como podrían tener Blind Guardian, Gamma Ray o Stratovarius, sino que también en su aprendizaje musical encontramos a Queen, Magnum y Meat Loaf, bandas estas tres llenas de drama, épica, poder, grandes arreglos, y actuaciones extravagantes, vistosas o llamativas.

Desde ese escenario que asemejaba un castillo medieval derruido con una escalera central por la que descenderían todos los protagonistas de la noche, hasta un juego de luces perfectamente conjuntado con la música, cada minuto de la noche estuvo perfectamente planeado para dejar huella tanto visual como sonora en nuestro núcleo estriado.

Mystery of a blood red rose es un claro ejemplo de todo lo comentado anteriormente, desde el amor de Sammet por Meat Loaf o más concretamente por Jim Steinman, hasta ese poder hímnico que destilan todos y cada uno de los temas de la banda.

Inicio impactante, que aunque parezca difícil, fue subiendo en intensidad, emoción y fuerza.

El primer aplauso personal se lo llevó Michael Kiske. Su aparición en lo alto de la escalinata central no dejó indiferente a nadie de los presentes, y su interpretación vocal en Ghostlights demostró el porqué Sammet le rinde pleitesía. Creo recordar que de todos los invitados solo uno recibió el honor de escuchar su nombre coreado por los asistentes, y ese fue Kiske. Hasta en un momento de la noche se oyó, como si de un tsunami se tratase, comenzó al final de la sala y fue acercándose poco a poco al escenario, al respetable pidiendo a voz en grito: I want out!, I want out!, I want out! Y aunque Oliver hizo sonar un poco del tema con su guitarra y Kiske intentó cantarla de esa forma tan peculiar que tiene de cantar cuando imita a Elvis, la anécdota no pasó de ahí, según palabras del propio Kiske, no era el lugar ni el momento para esa canción.

Me resulta extraño el amor que todos tienen por Kiske, lo que lo admiran, y en cambio cuando tocó en Barcelona con Unisonic no había demasiada gente en el concierto.

La segunda gran ovación de la noche fue para Ronnie Atkins. Como dije anteriormente sus interpretaciones casi le cuestan su garganta, lo dio todo y más, en cada instante sus colores faciales y sus venas hinchadas parecían los instantes previos a un infarto y eso vimos en la rápida y dura Invoke the machine, único tema que se coló entre los cuatro primeros pertenecientes a la última obra del grupo Ghostlights. Otro punto a favor de Atkins fue las tablas que lleva encima y que consiguieron que fuera el foco central que mirar mientras él estaba sobre el escenario. Alentó al público en todo momento, y se comportó como un frontman al frente de su propia banda cuando en realidad no era más que uno de los cantantes invitados.

En Unchain the light disfrutamos del buen hacer de Kiske y de la fuerza de Atkins. Power metal en todo su esplendor.

No se puede destacar a ninguno de los componentes de la banda de Sammet por encima de otro, pero sin duda Michael Miro Rodenberg con sus teclados dota al sonido global del grupo de algo grande. Es cierto que Sascha y Oliver con sus guitarras tienen el sonido del grupo, pero Miro con su teclado y Felix con su doble bombo empujan y dan brillo a la música de Avantasia en todo momento.

Tras la fuerza amenazante de esos cuatro temas iniciales, llegó la tranquilidad con Bob Catley y su emotiva interpretación de A restless heart and obsidian skies. Un Catley superado por las circunstancias que hasta le oí gritar: ¡Torpedo! en un arranque cual Chiquito de la Calzada dando saltitos por el escenario. Con sus gesticulaciones y su cálida voz no desentonó con el resto de cantantes con esas poderosas y agudas voces.

The great mystery continuó con la tónica iniciada con A restless heart and obsidian skies, medio tiempo dramático y operístico ideal para la voz de Catley.

Sin descanso, algo que desde estas líneas queremos aplaudir, debo admitir que con tanto cantante y músico temí lo peor: pérdida de tiempo entre tema y tema hasta el aburrimiento, apareció en escena Jorn Lande demostrando que es más que un mero calco del gran Ronnie James Dio.

The scarecrow, con esos aires celtas sirvieron de presentación para Jorn Lande que siguió con su momento de gloria con la interpretación de Lucifer, un tema que aunque creía que Sammet lo había compuesto pensando en él, en realidad hablaba del propi Tobias.

Con The watchmakers dream llegó el primer momento en que se echó en falta a uno de los cantantes que participan en el proyecto de Sammet, en este caso Joe Lynn Turner. Si en su versión de estudio el ex Rainbow compartía voz con Sammet, en directo, al no estar presente el americano, su rol lo ocupó Oliver Hartmann.

Aunque lo hizo bastante bien, no llega a la altura de Turner, por mucho que en la actualidad el americano diste mucho de las cualidades vocales que le hicieron famoso, su disco junto a Yngwie J. Malmsteen sigue siendo uno de mis favoritos, pero maldita sea, su trabajo con la guitarra ya merece la pena no poder escuchar al bueno de Joe.

Eric Martin sonó como los ángeles. Con más serenidad que cualquiera de los cantantes que aparecieron sobre la escalinata principal, entró en escena quedándose sentado en los peldaños esperando su turno para interpretar Whats left of me mientras Miro con su piano introducía la canción.

Con un estilo completamente misterbigniano Martin despachó su canción con una parsimonia y una calidad admirable. No hubiera desentonada para nada la canción en cualquiera de los últimos álbumes de los americanos.

The wicked symphony fue el primer descanso total para Sammet. Se retiró dejando a sus cantantes la voz principal. Lande, Kiske, Sommerville, Langhans e incluso Oliver cantaron esta pequeña sinfonía. Con ese preludio tan peliculero, durante la presentación de la banda, Sammet al presentar a Miro dijo en broma: Hans Zimmer, para al instante decir el nombre real del teclista, no hizo más que subir las ansias de música. Sublime el momento zeppeliniano por parte de Somerville en su interludio.

Herbie Langhans es un excelente guitarrista, su trabajo en Seventh Avenue así lo atestigua, pero también es un gran cantante, tanto en su tarea de corista, que se mantuvo durante todo el concierto, como con su voz principal que tuvo su punto álgido con la interpretación de Draconian love.

Como comentó Sammet antes de la presentación del tema, es increíble que alguien con la voz tan aguda como Herbie pueda llegar con tal facilidad a cotas tan graves con esa facilidad. Sinceramente me encanta dicho tema, su oscuro sonido, con esas voces me remiten a Type O Negative, To/Die/For o Cathedral, pero sobre todo, y ahí radica la grandeza de Sammet a Syster of Mercy. No quiero pensar si el tema lo hubiera grabado Eldritch cómo hubiera sonado.

El show parecía que llegaba a su fin. Así que era momento de echar mano de los viejos temas. Farewell, tema de la primera obra de la banda desató pasiones. Con ese sonido celta y con Sommerville compartiendo escena con Kiske haciendo el trabajo que en estudio corrió a cargo de Sharon den Adel la sala bailó más de lo que un miembro de Manowar le hubiera gustado.

Los gritos por parte del respetable del clásico “oé, oé, oé” se oyeron en infinidad de ocasiones. Tantas que al final Sammet decidió hacerse un selfie con todos los presentes, no por él, si no más para enviarle a su madre. También grabó al respetable cantando una canción tradicional alemana en donde aparece el nombre de la ciudad (esto se puede ver en el Facebook de la banda) y nos pilló a todos llevando nuestros brazos de un lado a otro cual Ozzy Osbourne, una imagen muy plástica (también se puede ver en el Facebook) pero que acabó con mi musculatura bastante dolorida.

Shelter from the rain demostró una vez más porqué Kiske tiene ese aura a su alrededor. Acompañado por un feliz Catley el tema sonó a las mil maravillas, algo por cierto de lo que no hablé todavía pero que me sorprendió muy gratamente: el sonido de la noche.

Mi posición frente a la batería de Felix me hizo temer lo peor, ese doble bombo desbocado me iba a tapar el resto de sonido, pero no, al contrario, aun a día de hoy, una semana después del show sigo intentando recordar el sonido de batería de Bohnke que si bien sonó, eso es evidente, no destacó por encima del resto. Si hasta incluso se pudo oír la pandereta de Catley. Sí, un diez para el que mezcló el sonido que consiguió en todo momento que se pudieran percibir a la perfección no solo las voces de todos y cada uno de los protagonistas, incluidos los coristas, si no todos y cada uno de los instrumentos.

El poder de todas las voces al unísono fue realmente admirable. Melodías infinitas, armonías, solistas, coros, tal vez lo mejor de la noche.

Bob Catley tuvo de nuevo su momento con The story aint over, una canción que aseguró describía su vida en aquel momento. Dicho pronto y deprisa: su vida aún no acabó.

En ningún instante de la noche se perdió la intensidad por parte de la banda ni el interés por parte del público. No hubo solos de guitarra, ni de batería, ni de teclado, y con todo y con eso la actuación duró tres horas y cuarto que pasaron realmente en un suspiro. Otro punto a favor.

Lande y Atkins tomaron protagonismo con la dura Let the storm descend upon you , séptimo y último tema de la nueva obra de la banda Ghostlights. Ambos, mano a mano defendieron el tema con una bravura y una actitud digna solo de los vencedores. Creo recordar que en este punto Atkins, con sus más de cincuenta años ya iba con el torso desnudo oficiando de maestro de ceremonias.

Lande se quedó para la interpretación de Promise land, power metal en estado puro, esas dobles armonías con las guitarras de Paeth y Hartmann le delatan, así como el ritmo de la batería de Felix, apoyado por un Kiske descomunal, que tendría su punto álgido con la siguiente canción: Reach out for the light. Tema que retornaba a los orígenes de la banda, a aquel no tan lejano primer disco.

Comentó Sammet que gracias o por culpa de Kiske él era cantante. Creció con Helloween y se le nota lo mucho que tiene en estima al ahora calvo cantante. Incluso explicó la anécdota de la primera vez que le llamó para preguntarle si quería participar en su proyecto. Kiske fue rotundo en su respuesta: No. Y aunque al final claudicó, Kiske aseguró que le dijo que no la primera vez porque su llamada había sido demasiado pronto para él.

Pero ahí no quedaba todo lo que Kiske podía ofrecer. Tras la rápida Reach out for the light llegó el turno de Avantasia, la pieza que da nombre a la banda y que como la anterior aparecía en el primer álbum de estudio del grupo. Si en ese preciso instante hubiera aparecido Kai Hansen en escena la sala se viene abajo con total seguridad.

La noche llegaba a su fin. Tobias dejaba el escenario en buenas manos: Martin y Atkins, para la interpretación, al límite por parte de ambos cantantes, de la poderosa Twisted mind con esos aires arábicos. Aquí nuevamente Ronnie se hacía con el mando y llevaba en volandas al público completamente extasiado por lo que había presenciado hasta el momento.

Por suerte para Martin este se quedó en escena para la interpretación de la única canción con temática sexual de la noche. No apareció Meine, pero Eric cumplió, aunque sin duda si Klaus hubiera aparecido por esa imponente escalinata, ahora sí, la sala se hubiera venido abajo del rugido del respetable.

Con la melódica Dying for an angel concluyó el concierto. Solo quedaban los bises y la foto familiar al completo. Una foto que costó más de lo normal, parece ser que la fotógrafa tenía problemas con su cámara y se alargó más de lo habitual.

Pero antes de eso aún pudimos disfrutar de Lost in space, primer bis de la noche cantado por el público a voz en grito.

Uno a uno fueron apareciendo en escena todos los cantantes para la interpretación del medley final que unió a la manowariana Sign of the cross con la tabernera The seven angels. Aunque ciertamente cuando canta Lande suena como un viejo tema de Ronnie James Dio. Una delicia tanto visual como sonora contemplar como la voz de todos ellos tenía su momento durante la interpretación de dichos temas y ninguno de ellos quería destacar por encima de otro. Creo que los egos se quedaron en las respectivas viviendas de cada uno de los protagonistas.

En definitiva, y para ir acabando, lo que aconteció el pasado viernes por la noche en la grande de Razzmatazz solo tiene un nombre: espectáculo. Nadie de los que asistieron salió defraudado, y esta vez de verdad. Tardará mucho esta ciudad en ver algo tan majestuoso como el concierto de Avantasia, un concierto que quedará en el recuerdo de todos los asistentes, un humilde servidor de ustedes se pasó toda la semana escuchando en bucle los discos del grupo, recordando en todo momento instantes de la noche y volviendo a mis labios aquella sonrisa que se le queda a uno cuando su cuerpo y su mente explotan en un estado de éxtasis supremo. Y no exagero, en mi vida musical he visto de todos los colores y lo del pasado viernes tiene la paleta entera de pinturas. Desde el ambiente que se respiraba en los aledaños del local, rememorando lo que se vivía a finales de los ochenta en el mítico Pabellón de deportes de la calle Lleida, o la masiva afluencia del público en los viejos Monsters of Rock de la misma época y principios de los noventa, hasta el concierto en sí, sublime se mire por donde se mire.

Ojalá como comentó en más de una ocasión Sammet la banda vuelva pronto, aunque mucho me temo que acabarán actuando en un Sant Jordi Club.

Set list:
1. Mystery of a blood red rose
2. Ghostlights
3. Invoke the machine
4. Unchain the light
5. A restless heart and obsidian skies
6. The great mystery
7. The scarecrow
8. Lucifer
9. The watchmakers dream
10. What`s left of me
11. The wicked symphony
12. Draconian love
13. Farewell
14. Stargazers
15. Shelter from the rain
16. The story ain’t over
17. Let the storm descend upon you
18. Promise land
19. Reach out for the light
20. Avantasia
21. Twisted mind
22. Dying for an angel
Encore:
23. Lost in space
24. Singno f the croos / The seven angels

Line up:
Tobias Sammet: voz
Sascha Paeth: guitarra 
Oliver Hartmann: guitarra y coros
Andre Neigenfind: bajo
Miro Rodenberg: teclados
Felix Bohnke: batería
Amanda Somerville: coros
Herbie Langhans: coros

Vocalistas invitados:
Michael Kiske
Ronnie Atkins
Bob Catley
Jorn Lande
Eric Martin

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