Eric Sardinas aterrizó de nuevo en Barcelona para presentar en vivo su última edición discográfica, "Eric Sardinas and Big Motor". Cinco años de silencio puede ser demasiado tiempo, su última grabación data del año 2003 ("Black Pearl") y en este mundo donde todo viaja a la velocidad de la luz, cinco años pueden hacer que la gente olvide a cualquiera.
Por suerte ese problema Eric no lo tiene. Aunque la entrada a Bikini no fue del todo buena, debo decir que en este aspecto me esperaba más asistencia de público, el músico Americano aún mantiene una buena base de fans en esta ciudad.
No recuerdo la última vez que estuvo por aquí actuando, pero si recuerdo que lo hizo durante varias noches seguidas en una pequeña sala de la ciudad. También recuerdo la primera vez que lo vi. Fue de telonero del gran Steve Vai (muchas camisetas se vieron anoche entre los asistentes del Dios de la guitarra) y realmente aquello fue una actuación sublime. La recuerdo como una de las mejores.
 Hasta el día de ayer. Sin duda, poder ver a Eric y toda su potencia en una sala como Bikini a escasos centímetros (más de una vez me tuve que apartar para que Eric no me diera con su mástil) hace que cualquier otra vez que tuve la ocasión de verlo quede como una mera anécdota.
El concierto debería haber empezado a las 22.00 horas, pero como siempre en este país comenzó con unos minutos de retraso (exactamente 22), así que momentos antes de las 22.30 aparecieron sobre el escenario Eric Sardinas más Big Motor (en este caso, Levell Price al bajo y el inmenso Patrick Caccia a la batería), presentados por un personaje salido del Un, Dos, Tres (¿alguien recuerda a Don Cicuta?), sombrero de copa, pelo largo lacio, barba larga blanca y chaqueta de cuero (todo un personaje).
 Todos en sus puestos listos a rockear. Y de qué manera. Desde el principio la banda salió a matar y durante las casi dos horas y media que duró el show (¿ya se acabó? dije al final del mismo) la banda arremetió con una furia inusitada todos y cada uno de los temas que interpretaron. Blues, Rock, Funk, Jazz, en la música de Eric, aún teniendo como base el puro y duro Blues Rock, entran todo tipo de influencias. Está claro que lo que mejor defiende es un blues rock directo, electrizante e incendiario que hace que todos los allí presentes no paren de moverse y estamos hablando de ¡dos horas y media!, pero verlo tocando en cualquiera de los estilos distintos anteriormente mencionados, sin duda es algo emocionante.
Aunque siempre llevará en su corazoncito un lugar para el puro Blues (como la versión de Robert Johnson) e incluso para temas acústicos durante los cuales Eric podía descansar (entre comillas) un poco de aporrear su guitarra. Tres fueron los temas que tardó en dirigirse al público. Y aunque no recuerdo cuales fueron, si que parecía que estaban improvisando. Podríamos estar hablando de una extensa jam session en vivo. Los tres músicos disfrutando, mientras de sus instrumentos sacaban lo mejor de ellos mismos. Miradas cómplices sobre las tablas para cambiar el ritmo, para apoyarse o simplemente para saber en que compás finalizar el tema.
 Desde estas líneas quiero felicitar a Patrick, el batería. Su trabajo es esencial para el buen funcionamiento del engranaje del Motor (esto último tiene doble sentido). Incansable, no desfallece en ningún tema, y muchos de ellos cobran otra vida con su instrumentación. Impagable e inenarrable (aunque lo intentaré) la versión de "Gone to Menphis" de su último disco.
A saber. Eric le dice a Patrick que se acerque al micro con sus baquetas. Patrick accede (al fin y al cabo, Eric es su jefe). Se sienta en el suelo. Eric baja su micro. Levell (el bajista se acerca) y mientras Patrick golpea con sus baquetas el suelo del escenario, los tres juntos cantan una pseudo versión acústica de dicho tema. Las fotos pagan por si solas.
 ¿Sólo fui yo el que le encontró un parecido físico con Mike Portnoy de Dream Theater?. Es más ¿no llevaba tatuado en su brazo izquierdo el logotipo de los de Mike?. En fin, casualidades a parte, debo decir que Patrick podría por ejemplo sustituir perfectamente a Mike. Y no sólo por el mero hecho de parecerse físicamente, si no por tener una pegada realmente impactante.
El concierto estuvo plagado de anécdotas para recordar, como la anteriormente citada. Ver a Eric guitarra en mano pasearse por Bikini entre el público es algo normal. No de cualquier grupo, si no de él en particular, no era la primera vez que lo hacía, ni creo que sea la última. Pero verlo sobre las barras de Bikini dando vueltas de una a otra, bebiendo chupitos y sacando fuego de su guitarra resofónica, más conocida por el nombre de Dobro, construidas por el mismo (verlas tan de cerca es lo que hace que piense así) no se ve todos los días.
 O cantar a capella y a grito pelado desde el borde del escenario algún que otro comienzo de tema. Incluso desenchufando su dobro para que el sonido no saliese amplificado y diera más la sensación de acústico.
O verlo disfrutar desde el lateral del escenario cuando sus compañeros de banda arremetieron con una especie de medio sólo de bajo, medio sólo de batería (aunque tiempo después Patrick volvió a hacer de las suyas con su instrumento). O cuando se le soltó el slide del dedo (durante todo el show lo llevó puesto) y a base de patadas lo acercó al borde del escenario y el tipo que tenía a mi lado lo cogió, siguiendo casi órdenes de Eric y se lo colocó de nuevo en el dedo (el del público, no Eric, éste no dejó de tocar en todo el rato). Instantes después se acercó de nuevo al tipo del público y le chocó la mano como agradecimiento por ello. También bromeó con su bajista y es que éste último comentó algo al público (no recuerdo en este momento que era), pero tras acabar su speech se dirigió a Eric y este con una sonrisa bastante pícara en su boca comentó: No entiendo a la gente del "Mississippi".
 Como dije anteriormente, cuando por fin se decidió a hablar con el público (hasta aquel momento sus palabras tan sólo fueron Thanks) atacó con una feroz versión de "I can't be satisfied" de su álbum "Devil's train". "Texola", tema perteneciente también a "Devil's train" dio pie, primero a una pequeña explicación de dónde se encuentra ubicado el pueblo (en la vieja Route 66, cerca de Oklahoma) y segundo, tras ella una buena ración de temas pertenecientes a su último disco. Un álbum que particularmente me gusta mucho más que sus anteriores obras. Sigue con su Blues Rock potente, pero en su nuevo disco abrió su abanico musical algo más, la versión de "Burning Love" de Elvis me parece sublime. Incluso se pueden oír teclados.
Su sonido sigue sonando añejo (y no es peyorativo) pero no tanto. Digamos que si en sus anteriores obras estaba más cerca de los bluesmen de los años 20 o 30, ahora su sonido se acerca a los 60 o 70. "As the crow flies", la version de Tony Joe White fue la primera en abrir la tanda, aunque curiosamente el tema cierra su último disco. Tras ella, "Ride, Find My Heart" y la anteriormente citada "Gone to Menphis", para mi, el punto álgido de la noche. Tras esta batería de nuevos temas, retomó su viejo disco "Devil's train" y sonó "8 goin' south".
Cada tema venía precedido de una extensa introducción musical, ya fuera a capella o con toda la banda. Incluso podríamos decir lo mismo con todos y cada uno de los finales de los temas. Un último tema dio paso al sólo de batería, esta vez el de verdad, donde pudimos comprobar cómo de locos están los baterías y lo que hay de cierto en todas y cada una de las historias que de ellos se cuentan. Aunque resultó entretenido, debo admitir que se me hizo un poco largo en algún momento, pero ver la cara de felicidad y lo bien que se lo estaba pasando Patrick, hizo que no desfalleciera en ningún momento mi interés por el mismo.
 El show finalizó con un único bis.
Cara de satisfacción en ambos lados de la sala, en escena por parte de los músicos, y en la platea por parte de los asistentes. Aunque una cuestión rondaba por mi cabeza. Y es que cuando uno se mira en el espejo y se dice a si mismo: "Que bien estás", tan sólo se está engañando. Y eso se da uno cuenta cuando tiene ante sí a un tipo como Eric Sardinas, tan sólo un año más joven que yo, con esa planta, esa forma de vestir, sus tatuajes.... aunque mucho me temo, que alguna vez en su vida se encontró en un cruce de caminos y allí como todo buen bluesman, vendió su alma al diablo. Ahora lo entiendo todo.
Si el dicho de boca a oreja funciona como debe ser en esta ciudad, la próxima visita de Eric en estas tierras le debe encumbrar al menos a una sala 2 de Razzmatazz.
Allí estaré. |