Blackfield están demostrando ser uno de los combos más personales del actual panorama rockero. La tentación de llamarlos “progresivos” es muy grande, porque Blackfield es el proyecto (uno de los proyectos) del líder de los inconmensurables Porcupine Tree, el señor Steven Wilson, quien no teniendo bastante con su agrupación nodriza, se lo hace, además, con la agrupación de música ambient y minimalista No-Man.
Con Blackfield, el señor Steven Wilson ha unido su fuerza creativa (que no es moco de pavo) a la del intérprete israelí Aviv Geffen (alguien de quien, lo reconozco, no tenía la menor referencia hasta que cayó en mis manos el segundo disco de Blackfield hace cosa de un año, un disco que no ha parado de sonar en mi equipo en los últimos meses, y eso es algo que no me suele ocurrir). Los dos artistas se turnan, como en los discos, en las partes contadas, aunque es Steven Wilson el que tiene más peso en el aspecto guitarrístico; el propio Aviv Geffen se desprende de la guitarra en muchos temas. Y es que Steven Wilson es mucho Steven Wilson. Eso lo sabe cualquier fan de Porcupine Tree.
Se da la circunstancia de que Blackfield no pertenecen al asunto progresivo, como ya hemos apuntado más arriba. Tienen mucho más que ver, para que os hagáis una idea, con los Anathema posteriores a “Eternity”, lo Anathema de “A fine day to exit”; también detecto en ellos influencias de los Pink Floyd de David Gilmour (los de “A momentary lapse of reason”) y también de los Radiohead de sus inicios, los del himno “Creep”; que conste que apunto estas influencias como meros datos indicativos, porque si algo tienen Blackfield, y de sobra, es una personalidad propia, una sonoridad realmente genuina que los aparta de cualquier corriente que podamos catalogar con una simple etiqueta.
El DVD, con una calidad de imagen increíble, a pesar de lo pequeño de la sala, con tomas de varias cámaras, fue grabado en una actuación de Blackfield en Nueva York a principios de este años, en pleno invierno, como se puede apreciar en la fotografía de ambos intérpretes en la portada.
La selección de canciones está equilibrada entre los dos discos de la banda, pero siendo, a mi parecer, muy superior el segundo de ellos (“Blackfield II”, disco que recomiendo a todo el que quiera descubrir una formación como hay pocas), es forzoso reconocer que donde el grupo alcanza más altura es en la interpretación de los temas de este último redondo, que al fin y al cabo era el que les ha dado pretexto para esta gira por tierras americanas de la que ha resultado la edición de este excelente documento sonoro.
No puedo dejar de apuntar la entrada tan increíble del grupo con el tema que abre, precisamente, el segundo disco de Blackfield, la emotiva “Once”, una historia de amor con final infeliz, acerca de una especie de poeta abandonado por su enamorada. Pero donde la banda da todo de sí, y donde el público se entrega sin ambages es, casi al final del concierto, con la interpretación de “The end of the world”, una oda a la autodestrucción que es, paradójicamente, de una belleza espectacular, cargada de añoranza, de sentimientos de pérdida y desesperación, sí, pero de una calidad que hace quedar como enanos artísticos a muchos supuestos “talentos” de la música rock actual. |