The Darkness + The River 68s

Sala Bikini, Barcelona

14 de Enero, 2016

Salva G.

hace 2 años

Hace trece años, cuando The Darkness tocó por primera vez en mi ciudad, mi crónica de aquella noche presentaba unas cuantas preguntas y unas reflexiones que no sentaron muy bien a mis lectores de aquella época, consiguiendo crear una fuerte polémica. Por suerte, mi conocimiento sobre la banda, de la cual era y sigo siendo fan, tranquilizó a las multitudes y les hizo ver que simplemente mis escritos eran la plasmación de un sentimiento.

Me preguntaba si la banda duraría mucho, si editarían un segundo disco, si su éxito se cimentaría en su Permission to land recién editado (aquella noche cuando sonaron algunas de sus caras B, tipo la instruental Bareback, el Booggie Wooggie de Best of me, Physical sex o Makin out, nadie les hizo caso) y ciertamente, aunque editaron su segundo disco, la banda se disolvió a los pocos meses de su edición, además el icónico Frankie Poullain ya no estaba en él, su cantante, el histriónico Justin Hawkins no pudo con el éxito y cayó en una espiral de alcohol y drogas que le llevó a vivir oscuros años y aunque volvió al circo musical con Hot Legs (se les pudo ver en el Kobetasonik de 2009) y sus antiguos compañeros fundaron Stone Gods, mis duras palabras resultaron acertadas con el paso del tiempo.

Hoy día, tras la reunificación de la banda en 2011 y con dos discos editados desde entonces, la banda vuelve a estar en el candelero, que no de moda, por suerte, y aunque la coqueta sala Bikini consiguió una excelente entrada, en ningún momento colgó el cartel de Sold Out que sí vimos en la mediana de Razzmatazz trece años atrás.

Había ganas de ver a los ingleses. Su música es puro Hard Rock a base de riffs deudores de AC/DC, melodías evocadoras de tiempos pasados, Thin Lizzy vienen enseguida a nuestra mente, pero también Boston, Queen, Led Zeppelin o Van Halen y mucha actitud, tanto por parte de Justin, es imposible no dejar de mirarle durante todo el concierto, como de Frankie, bajista del grupo, que en todo momento tuvo sus minutos de gloria, ya fuera regalando púas, tocando el cencerro, jaleando a las masas, o simplemente con su porte en escena, con ese look setentero discotequero digno de la Fundación Tony Manero patria.

Y la banda no defraudó. Así que me pude quitar la espina que llevaba clavada desde su bautismo en esta ciudad (lo siento, pero me negué a pagar el elevado precio de la entrada de Lady Gaga cuando ellos hacían de teloneros, lo vi demasiado caro, y desplazarme a Madrid, con los tiempos que corren, creo que el concierto fue en 2012, como que no) así que mi segunda vez resultó mágica, e infinitamente mejor que aquella primera.

La velada dio inicio con una intro sonando por el P.A. de la sala con cierto aire celta que debido a su extensión, hizo que los ánimos se caldearan más esperando la aparición de la banda en escena.

Poco a poco, y como si de auténticas estrellas se tratara, ¿acaso no lo son? hicieron aparición en escena los componentes de la banda, tomando posición en ella con una parsimonia digna de estudio.

Con los instrumentos a punto, la banda arremetió con toda su fuerza con el primer tema de la noche: Barbarian, tema de su último disco, Last of our kind, que servía como excusa para la gira, y del cual volvieron a él en dos ocasiones más.

Efectivamente, si alguien lo había dudado, el grueso del concierto se lo llevó Permission to land, el clásico primer disco del combo, del cual solo se dejaron un tema en el tintero: Holding my own, el resto de los nueve temas de aquel no tan lejano disco sonaron anoche con el tratamiento, escuchando las ovaciones del respetable hacia ellos, de clásicos absolutos.

Vimos a un Justin en perfecto estado de forma, habiendo superado sus problemas con el alcohol y las drogas, tanto vocal como física. No paró quieto en ningún momento e interactuó con el respetable en todo instante, aunque no sabía ni una palabra en español (ya nos avisó en primera instancia).

Ora era el líder de una banda que bien podría haber estado delante de 50.000 personas en el Wembley Stadium, ora un comediante recitando su monólogo en un tugurio de mala muerte del Soho londinense (en algunos instantes Monthy Python vinieron a mi memoria), pero en todo momento un líder carismático, con actitud, desparpajo, divertido y profesional.

Sus canciones hablan por sí solas.

El primer clásico, Growing on me, hizo saltar y cantar a los asistentes. Lo mejor de la noche es que poco a poco fue a mejor, llegando a su zenit con los tres últimos temas antes de los bises.

Fue tan divertido que Fernando, un roadie de la noche vio cómo el respetable coreaba su nombre y aplaudía su trabajo ante el asombro de la banda sobre todo de Dan y Justin. Incluso una niña que estaba presenciando el concierto, fue llamaba a escena por parte de Justin para que tocara el piano con él, haciendo que el respetable también coreara el nombre de dicha niña: Nora, que en ningún momento se le hizo grande el escenario. Hasta se permitió el lujo de saludar desde su asiento junto a Justin, como si de una estrella del rock se tratase durante la interpretación de Friday night.

Es bien cierto que el falsete de Justin puede llegar a hacer que odies o ames la banda. Anoche todos amábamos al grupo.

En vivo son una inyección de adrenalina, un chute de diversión necesaria para estos duros y tristes tiempos que nos tocó vivir. Creo que todos los que salían por la puerta de la sala llevaban en su boca una sonrisa de oreja a oreja.

En uno de los temas de la noche, Justin se hizo con un escudo que habían diseñado unas fans que se encontraban en primera fila, y muy orgulloso él interpretó dicho tema, que no recuerdo cual es en estos momentos agarrado a él.

Durante Love is only a feeling, que sonó sin esas preciosas guitarras acústicas que sí lleva su versión de estudio, agitamos nuestros brazos de un lado a otro al más puro estilo Ozzy Osbourne.

English country garden vio como Justin se convertía más si cabe en un Freddy Mercury del Siglo XXI, sentado tras su piano y haciendo sonar a la banda como una extensión de La Reina. No en vano tras los parches teníamos al hijo de Roger Taylor, Rufus Taylor. Quien por cierto lo hizo bien, muy bien, pero en algunos momentos le vi algo nervioso y en una banda muy grande para él. No sé, tal vez solo fueran apreciaciones mías.

Every inch of you fue la primera incursión en su anterior álbum, el recomendable Hot cakes, para la segunda deberíamos esperar a los bises, y para colmo en forma de versión, aunque absolutamente diferente, por suerte, del original.

Rack of glam resultó ser un nuevo tema, completamente nuevo, como bien dijo Justin. Aunque este ya se pueda ver en una filmación profesional por internet (buscar en youtube Chicago 2015 y lo encontraréis) Sigue los patrones básicos del grupo, riffs, melodías, falsete y un ritmo básico.

Antes, durante One way ticket, primero de los temas perteneciente a dicho álbum, pudimos comprobar cómo se divierte la banda en escena, con una performance por parte de Frankie a la hora de tocar un cencerro y dar inicio al tema. Todo muy ceremonioso. Tanto o más que su aparición en escena.

El trío final de Get your hands off my woman, llevada al límite por la banda y concretamente por la voz de Justin, la rítmica Stuck in a rut y la clásica I believe in a thing called love cerró la velada en su máximo apogeo.

Tras unos minutos, los suficientes para que Justin se cambiase de ropa, pasó de un traje a rayas negro que si este hubiera sido a cuadros sería de un arlequín, a un más que hortera atuendo para jugar al tenis, la banda retomó el escenario para su versión de Radiohead.

La noche se cerró con una extensa rendición de Love on the rocks with no ice que sirvió, primero, para que Justin se diera un completo baño de masas, se paseó por toda la sala a hombros de un roadie tocando un solo con su guitarra, y segundo, para que el resto de banda, dejando a Rufus de lado, él seguía marcando el ritmo de la canción mientras Justin seguía con su solo, tuviera también su baño de masas, en esta ocasión repartiendo púas a diestro y siniestro. Más incluso que el mismísimo Yngwie J. Malmsteen.

En definitiva, una noche de auténtico espectáculo, musical y visual, que se agradece en estos tiempos que corren, que comenzó con la actuación de The River 68s, banda de Glasgow de los hermanos McCabe, Craig a la voz, y Chris a la guitarra que con su corto pero intenso set acústico hicieron las delicias del respetable, que no solo apoyó la actuación con sus palmas, si no que aplaudió a rabiar las canciones interpretadas, la certera I’m alive, parece que Craig tuvo serios problemas de salud de los cuales ya está recuperado, Restless bones con ese sonido slide y ¿me pareció a mí o sonó una versión de Poor Elijah? entre otros.

Fue una lástima que el resto de banda, bajista, batería y teclado, no pudiera estar anoche sobre el escenario, y que el grupo decidiera salir de gira en formato dúo, seguro que hubieran triunfado eléctricamente mucho más de lo que lo hicieron en formato acústico.

Sin duda la voz de Craig conquistó a una audiencia ávida de voces agudas, y el buen hacer de Chris con su guitarra levantó los ánimos enfriados tras la espera en la fría noche barcelonesa a que las puertas se abrieran.

Esperemos verles pronto de nuevo por estos lares con uno de sus shows completos.


 

Setlist The Darkness:
1. Barbarian
2. Growing on me
3. Black shuck
4. Mudslide
5. Givin´up
6. Roaring waters
7. One way ticket
8. Love is only a feeling
9. Friday night
10. English country garden
11. Every inch of you
12. Rack of glam
13. Get your hands off my woman
14. Stuck in a rut
15. I believe in a thing called love
Encore:
16. Street spirit (fade out)
17. Love on the rocks with no ice


Line up:
Justin Hawkins: voz, guitarra y teclado
Dan Hawkins: guitarra y coros
Frankie Poullain: bajo, coros y cencerro
Rufus Taylor: batería

 

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